A decir verdad

Cuando vamos a guardar silencio no debemos generar ruido. ¿Para qué? Cuál es el objetivo? No lo entiendo. Y no lo entiendo porque si vas a salir del silencio diciendo que fuiste violada pero que no dirás quién, porque fue muy poderoso y aún lo es e inclusive peligroso…el mensaje que recibimos es el de no denunciar a los poderosos aún en la peor de las circunstancias. Como ser violada por ejemplo.


A decir verdad me duele. Profundamente. Por esa joven mujer que calló. Por esa adulta que hoy calla. Porque su dolor es mi dolor. Porque su silencio es también mi silencio. Porque su tristeza es también la mía y la de miles de mujeres, e inclusive hombres que fueron o son violados o maltratados y su corazón no deja de sufrir.


A decir verdad no deberíamos callar. Eso no sirve. A nadie. Es empoderar más al violento. Al enfermo que puede ejercer su poder y su fuerza contra todo. Contra viento y marea. Olvidando el daño que ocasiona y el que se ocasiona. Olvidando que una herida de esas es difícil de sanar y de perdonar. No imposible pero si casi.


A decir verdad salir del silencio es asustador. Si cuando opinamos muchas veces sobre algunos temas somos criticados salir del silencio sobre cualquier tipo de maltrato tiene sus consecuencias. Pero hay que hacerlo. Bajo ninguna circunstancia debemos permanecer callados. Ese no puede ser el mensaje. No. Y no. Porque entonces perdemos nuestro poder. Ese. El de la voz. Ese que nos da valor y nos hace valer por lo que somos.


A decir verdad entre más poderoso el violador menos silencio deberían guardar. Porque ¿cuántas víctimas más serán necesarias? ¿Cuánto dolor? ¿Cuántos sueños frustrados y cuánto amor malgastado de cuenta de un poderoso peligroso suelto por ahí…en las calles, en una esquina, es un edificio, en un barrio, en una familia, en casi cualquier parte?


A decir verdad hay que denunciar. Siempre. Por más miedo que sintamos. Hay que hacerlo. Sin dudarlo. Hay que hablar. Hay que salir de esa zona de miedo que paraliza y decirlo todo. Para detener esta barbarie que nos azota como si fuera aceptado por nuestra cultura. Nadie quisiera pasar por semejante dolor. Por semejante angustia. Nuestro cuerpo y mucho menos nuestro espíritu no se lo merecen.


A decir verdad nos merecemos respeto. Puro. Del bueno. Nos merecemos amor. Puro. Del de verdad. Y no merecemos estar con amigos, ni parejas, ni jefes, ni nadie que abuse de su poder. Ni con nadie que se exceda en su trato y nos utilice para satisfacer su ego dejándonos con toda esa carga del peso del maltrato a cuestas.


A decir verdad creo que este tipo de personas no deben permanecer ocultas o confundidas entre miles. Nos merecemos más que eso. Nos merecemos siempre la verdad. Cueste lo que cueste. Si. Cueste lo que cueste. Porque de lo contrario estamos condenados a vivir en la mentira. En la triste y dura realidad de no saber quienes son esos seres dañinos que deben permanecer excluidos por sus comportamientos de una sociedad que cada día está más llamada a ser otra. Una amorosa y nueva.


A decir verdad nos merecemos lo mejor. De todos y cada uno. Y para lograrlo debemos salir del silencio y nosotros también decir la verdad. Sea la que sea.

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