Afuera la luna


Me recuerda de quien soy hija. De quienes somos hijos. Está casi llena y puedo sentirme abrazada por ella. Es un hermoso regalo. Así la recibo. Es como si me la hubieran mandado hace cincuenta años. Y llegó hoy para estar aquí conmigo. Con lo mío. Con los míos. Está iluminando este bosque y todos sus seres se sienten atraídos hacia ella. Como yo.


He recibido su bendición durante tantos años…que hoy siento tanto agradecimiento con ella y con quienes me han permitido a lo largo de mi vida y de mi viaje por este planeta acompañarlos y acompañarme. Han sido una bendición aunque en su momento tal vez yo no haya podido saberlo. Todos. Y por eso estoy agradecida. Con todos. Porque son lo que hoy me permite estar en mi hermoso centro agradeciendo por cada instante vivido. Por cada día y noche que desde niña me han regalado el placer de llegar hasta esta mitad de mi vida.


Mi retoño hoy me recordaba lo inmensamente feliz que soy por saber que mi semilla ya hoy viaja en este planeta para ser parte de mi legado en la tierra. Su amor por lo que me rodea saldrá desde lo más profundo de su corazón siempre. Y entonces yo estaré ahí. Eternamente.


La sonrisa de mi madre me decía todas por las que hemos pasado. Buenas y malas. Más buenas que malas. Aunque crecer siempre nos cueste tanto a tantos. Porque el desapego hay veces es doloroso. Y porque ser diferentes tiene un precio alto que hay veces parece que no pudiéramos pagar. Ni con lo más preciado. Porque somos lo más preciado y entregarnos es imposible.


Me rodean los que son. Los precisos. Aquí están conmigo. Allá afuera esta luminosa luna también los ilumina hoy y ellos saben que yo estoy con ellos y ellos conmigo. No es necesario la presencia constante. Porque la amistad no requiere sino estar. Y es incondicional siempre. Como la más hermosa dicha.


He avanzado. Y es hermoso poderlo sentir. Muchas veces creemos que no lo hacemos y sí vamos hacia adelante. Hacia donde queremos. Y algunas veces retrocedemos y otras nos hacemos a un lado y muchas nos detenemos. Y es lo preciso. Así es. Porque de esta forma ratificamos nuestros pasos. Son esa certeza que nos mueve.


Afuera la luna está cargando mi vida de fuerza para despacito continuar por este maravilloso viaje que he decidido vivir. Aprender que no estamos solos ha sido mi constante. Porque no lo estamos. Estamos más acompañados que solos. Están con nosotros nuestros ancestros y a ellos les doy gracias. Están con nosotros los elementales. Los elementos. Los seres de otras formas que también están conectados con nosotros y las energías misteriosas y poderosas que vienen de otros tiempos, lugares y espacios.


He dado la vuelta al sol cincuenta veces. Y deseo poder hacerlo muchas veces más. Deseo poder hacerlo porque mientras lo hago me conquisto y conquisto mucho de mi y de este único planeta. Deseo poderte ver luna muchas veces más. Pedir cincuenta más sería mucho pero si deseo poderte ver resplandecer en el cielo de mi universo y del universo de aquellos que amo. Deseo poder alcanzar mis sueños y ayudar a otros a que alcancen los suyos.



He vivido intensamente. He vivido grandes experiencias. Ellas me hacen hoy quien soy. Y aunque muchas hayan sido dolorosas, debí vivirlas para comprender. Para aprender. Para ser. Y por ello estoy amorosamente agradecida con su enseñanza. Con esas lecciones de amor que me permiten ver mis primeros cincuenta años como ese delicioso paso por esta tierra rodeada siempre de puro amor. Veintiún años he estado acompañada de un maravilloso ser que cada día me hace retornar de nuevo al centro para arraigarme con certeza y voluntad al viaje del día a día que hay veces nos cuesta tanto. Porque solemos perder de vista el horizonte…aún con noches iluminadas con las más bellas lunas. Como hoy. Gracias vida por mi vida y por tu vida.

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Santa Elena, Medellín, Colombia