¿En dónde estábamos?

¿En qué punto? Intento recordarlo. Pero no logro atrapar ese instante en el que nos dábamos cuenta que estaríamos atrapados en esto que parece un sin salida.

Hay veces siento que mis perros ya sabían, que estos árboles presentían mucho más allá de lo que otros podían saber. Yo tenía imágenes vagas, momentos, decisiones, sabores, pensamientos, pero nunca imaginé más allá ni podía saber lo que iba a significar para mí y para todos. Para mí, ha significado de todo un poco. De mucho y de nada. De nada y de todo. Porque cada quien tiene que acoplarse a su pequeño mundo. Pocos habían vivido algo tan fuerte y de tal magnitud. El cielo parece que cambiara sin cesar y cuando él se mueve rápidamente, yo siento que estoy demasiado quieta. Pero lo cierto es que ya estaba demasiado quieta y estaba tan feliz…


¿En dónde estaba? ¿En qué punto de mis emociones? ¿De mis pensamientos? ¿De mi ser? Siento que tejía algo inevitablemente, y ahora no sé cómo volver a encontrar ese punto del entramado de mi vida. La trama sobre la que venía me encantaba, pero ahora, ésta me gusta mucho más. Ya no es lenta, es lentíssima, como mis canciones favoritas. Hago casi lo mismo. Pero veo que todo va a otro ritmo. Es diferente. Es más lento, pausado, hemos regresado a una vida más humana, más coherente y sensata. Y aún así hay quienes desean su antigua vida, su otra normalidad que de normal no tenía nada. Era completamente anormal. Era una trama llena de rupturas e hilos sueltos, de cabos por donde se iba abriendo nuestra vida y de paso nuestro corazón.


¿En dónde estábamos? Somos un colcha de retazos llena de historia. Y ésta, esta es una nueva historia colectiva que todos compartiremos siempre. Todos tenemos muchas cosas en común, pero ésta no es cualquier cosa. Son muchos instantes compartidos e iguales para todos en el mundo. Tenemos algo que recordaremos profundamente. Porque aunque no lo creamos y no lo imagináramos siquiera, allá afuera, la naturaleza, es más fuerte que nosotros. Que todos juntos. Que la fuerza más poderosa que lográramos juntar. Es implacable. Y todos nuestros sueños y proyectos son pequeños ante tanto valor. Ante tanta energía contenida en instantes que ya no podemos controlar. Que en realidad, nunca podíamos controlar. Sólo creíamos.


¿En dónde estábamos? ¿Y a dónde íbamos? Ya no puedo recordar. La sutileza de esta niebla hoy me dice que no íbamos a ninguna parte. Pretendíamos estar ocupados en pequeñas cosas, gastando nuestro tiempo. Ese tan valioso. Ese que no regresa. Y de repente es lo que nos sobra. Que delicia! Qué placer! Pero es obvio, cuando recuerdo que allá afuera hay quienes siempre están sin él por muchas razones, entonces miro a esta niebla y ya no es niebla. Es demasiado blanca y entonces me arruga el corazón. Porque esta placidez no es de todos. Nunca será de todos. Por alguna misteriosa razón. Y entonces el tiempo como lo percibo también desaparece y aparecen fantasmas de esa vida del pasado.


¿En dónde estaba? Hay veces siento que iba adelante. Otras veces que iba atrás. Medito mientras veo este verde que amo profundamente porque en él veo a diminutas células respirando por nosotros para de alguna forma convertir esto en algo más. Y yo me aferro a creer que hay que protegerlos y amarlos y sembrar más. Cuando me paro al lado de Pepe, siento que sus raíces van hasta Australia y regresan. Siento que delicadamente tocan esa palmera de allá lejos y que en su camino pasa por las estrellas para traernos un poco de ese firmamento que necesitamos tanto como humanidad. Esas diminutas raicitas llegan hasta donde ni se nos ocurre pensar. Porque al final ellos también hacen parte de una entramado universal.


Todos estábamos en otra parte cuando esta historia que tejemos nos cogió de sorpresa. Así iba a ser. Así es. Todos estamos pasando por un momento muy fuerte de nuestras vidas. Qué aprendizaje tan estruendoso. Qué lección. Qué bonita línea la que escribimos aunque sea dolorosa. Aunque nos queramos salir de ella y escribir otra. Pues no. Es esta. Esto era lo que teníamos que repasar para así recordar cuando estemos en ese lugar amado, con ese ser que reimos sin parar, comiendo tal vez eso que no podemos, sintiendo esa tibieza que se siente en la piel cuando estamos en el lugar correcto, con las personas correctas. Esa dulzura que el cuerpo nos comunica con alegría en nuestro cuerpo.


Ya somos felices. Ya estamos completos. Ya tenemos todo. Es algo que no debemos olvidar.

¿En dónde estábamos? ¿En dónde estaba? Aquí. En este mismo punto donde tejeré con más amor e intensidad esta vida.

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