Me tengo

Nos tenemos. Eso es lo que al final importa. Cuando todo alrededor parece caerse, nos tenemos. Porque no estamos solos. Estamos con nosotros y de paso nos acompañamos de otros y acompañamos a otros. Pero nos tenemos. Y eso debería bastar. Porque nada es eterno. Nada. Sólo nuestra propia compañía. Porque es eterna. Somos eternos.


Me tengo. Nos tenemos y es maravilloso. Sentirlo es increíblemente sutil. Fugaz. Porque permanecemos inventando para estar, para ir y venir por el mundo interactuando con todo y negándonos esa posibilidad de sentir ese que nos habita. Ese que somos y que está ahí. Ese que me despierta como queriéndome decir ey, vení ya. Levantáte a escribir. Mirá la Luna. Observa como ese poderoso astro toca el bosque y todo lo que dejas por ahí.


Me tengo. Nos tenemos y cuando somos dos o cuando tenemos hijos hay una conexión divina en eso. Porque permanece un hilo plateado por siempre. Una hermosa conexión que aunque no funcione de alguna manera existirá para recordarnos que vinimos a vivir una experiencia poderosa con ellos. Son la maravilla de nuestras vidas. Son ese milagro que acepta las probabilidades como ciertas y que hace que nos conectemos con todo de una forma más profunda.


Me tengo. Nos tenemos y nos encontramos y desencontramos. Y vamos y volvemos como las olas que se chocan con la arena mojando suavemente la playa. Somos pedacitos de esa colcha del universo. Nuestro ser proviene de la unión de todo y de todos. Y eso no está alejado de Dios. Es esa creación que no está separada la una de la otra. Tiene distintos nombres simplemente. Y vienen distintos seres a recordárnoslo. Y cuando nos ponen a prueba todas las fuerzas de la naturaleza ahí es cuando tenemos que sacar esa fuerza de nuestro interior y el conocimiento de vidas pasadas tal vez para enfrentarnos a lo incomprensible.


Me tengo. He sido mi compañera. Estoy aquí dentro de ti y puedo conectar todo para ti. Nuestros espíritus tienen esas fuerzas invisibles que lo pueden todo. Nuestra mente es tan increíblemente poderosa que puede ir al lugar más profundo de sí misma y también regresar. Lo he vivido. Sé que así es. Sin temor. Porque es ir allá a donde pocos nos atrevemos. Porque queremos permanecer siempre en control de todo. Y tampoco lo tenemos. Estamos ante algo más grande. Desconocido. Misterioso. Y salirse implica asumir que inclusive te censuren. Que te estigmaticen. Y es un privilegio vivirlo. Porque vas más allá de tu propia conciencia. Ingresando a un mundo de posibilidades que están ahí para vivir como experiencia. Y lo agradezco.


Me tengo. Porque cuando todo desaparece o todos aquí estoy. Soy esta. Soy ese espíritu que me da la vida. Ese que incomprensiblemente para muchos no necesita mucho para decididamente conservar este bosque de robles donde habitan millones de especies. Este que decididamente también toma las decisiones contrarias al común. Porque creo firmemente en nuevas posibilidades para nuestra especie. Para las especies. Para nuestro planeta. Para un mundo mejor. Porque tiene que ser mejor. Tenemos que ser mejores. Salirnos del común y hacer cosas tal vez extraordinarias que nos lleven a ser más libres y felices. Que nos lleven a conectarnos con el mundo original del que somos parte.


Me tengo y te tengo. Eres parte de mi y siempre lo serás. Te protejo y te acompaño y tú haces lo mismo. Te amo como a mí misma y te mantendré conectado también a la vida que fluye sin cesar en el universo. Somos parte de esa red sin límites que misteriosamente existe y que está ahí para que descubramos. Somos parte de la urdimbre que nos vio nacer y somos la trama también. Somos el viento y el agua. Somos la tierra y el fuego. Somos el sueño y lo que soñamos y mientras estemos despiertos somos todo lo que vemos. Somos hermanos de todo y de todos. Estamos conectados. Todos estamos unidos.

Me tengo.

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Santa Elena, Medellín, Colombia