¿Qué es en realidad lo que necesitamos?

¿Si es en verdad dinero? ¿aprobación? ¿respeto? ¿lo es? ¿verdaderamente? Yo sé que no. Con toda certeza. Necesitamos encontrar esos lugares en el mundo a los que pertenecemos. Esos en donde uno siente que pertenece y los cuales no hay ni todo el oro del mundo para comprarlos. He tenido la fortuna de encontrarlos en esta vida. Dos. Gaia y Robledal. Llegué a ellos como dirigida y los he defendido a capa y espada. Como una leona. Inexplicable para aquellos que viven en las ciudades. Pero comprensible para quienes me conocen desde niña. Crecí persiguiendo grillos y viendo ¨destripar¨pescados. Crecí sabiendo qué es un trasmallo desde niña y me ví montada en un velero de madera con vela de plástico. Y para mi era suficiente. Y aún lo es.

¿Qué es en realidad lo que necesitamos? Necesitamos sentirnos seguros en este mundo material y de alguna forma tenemos que llegar hasta el fondo para salir a ver el mundo y en el horizonte comprender que lo nuestro también es valioso. Y que no necesitamos tanto para sentirnos felices. Ni seguros. Yo por lo menos necesito poco. Eso es lo que he descubierto a través de los años. Y en especial en los últimos dos. Podría perfectamente irme al centro de este bosque y estar allí viviendo sin muchas cosas exteriores. Y es una locura. Pero aquí lo que importa no es lo que los otros piensen de mi. Sino lo que yo piense de mi. Y lo que mi cuerpo sienta y me diga. Y lo que mi piel sienta y me diga. Lo que mis neuronas y todas las células de mi cuerpo se confíen unas a otras.

¿Qué es en realidad lo que necesitamos? Necesitamos instantes de felicidad. De paz. De serenidad. De complicidad con el mundo. Con cada ser que habite este planeta. Con cada luz que ilumine nuestros caminos. Con cada espíritu que atraemos a nuestra vida. Y que también está conectado con lo visible e invisible. Porque allá arriba están mirándome y entendiéndome. Y aceptando mis decisiones. Correctas o incorrectas. Ese no es el hecho. Porque el plan es uno y es el correcto. Y aunque parar sea retroceder es también avanzar. Porque uno avanza cuando ratifica lo que las cosas son para uno. Lo que significa caminar despacio sobre la arena tibia y oscura. Bucear en un mar pacífico que hay veces no es tan pacífico. Sentir la brisa tibia mientras la neblina se alza sobre el dosel de los árboles.

En realidad todos necesitamos poco. Pero nos hemos inventado tantas formas de auto sugestionarnos de lo contrario. O de que nos sugestionen de lo contrario. Y no hay porque. No debería haberlo. Mi sentimiento de que lo abarco todo y lo abrazo, nada me lo puede quitar. Mi alegría de imaginarte Avatar cuando esa culebra se posa sobre ti y yo casi siento cómo se desliza sobre ti nadie me lo puede quitar. Esos rayos que se cuelan por entre estos robles, y yo siento su tibieza sobre mi rostro, nadie me lo puede quitar. Los sonidos de las aves que he visto pasar por aquí y por allá en Gaia, nadie ni nada me lo podrá arrebatar. La tierra es de todos. Y lo que vivimos en ella es de cada uno. No es necesario tenerlo todo. Porque nada es en realidad nuestro.

¿Qué es en realidad lo que necesitamos? Poco y mucho. La tranquilidad del espíritu sabiendo que su verdad es lo más importante. Que reconocerla, sentirla y defenderla es lo que nos hará continuar en este viaje. Que ser honestos y correctos no sólo es para nuestras relaciones con otros humanos sino con todos los seres. Con cada uno. Con la tierra misma. Con el agua y el viento. Con el fuego y las piedras. Con las rocas y las cuevas. Con cada elemento que se cruza en nuestro camino. Con cada uno. Con las arañitas a quienes les hablo para que busquen otro refugio y no el mio. Pero les reconozco que el mio es muy tibio y entonces allí las dejo y en mis espacios convivo amorosamente con arañitas, mariposas, lagartijas, libélulas, maria palitos y eventualmente una que otra tarántula o culebra que vienen a ver qué es tanta algarabía.

¿Qué es en realidad lo que necesitamos? yo necesito son emociones. Como la que siento escuchándote en este momento. Y cierro mis ojos. Y sos un regalo de los dioses. Y te imagino en un piano de cola en esta sala inmensa rodeada de verde y mi alma suspira. Y tan solo poderte imaginar y verte es un privilegio y un placer. Escuchar a mi hijo tocar la vieja guitarra del abuelo en las escaleras mientras cocino es más que un placer. He comprendido que las emociones me mantienen viva. Le dan sentido a mi vida. Y no necesito más. Hay emociones que todo el dinero del mundo no puede comprar. Hay noticias que esperamos escuchar que lo valen todo. Porque son un milagro. Y lo son cada instante que vivimos sabiendo que cada respiro es lo que tenemos...

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Santa Elena, Medellín, Colombia